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sábado, 22 de marzo de 2025

Una cena en Roma. La historia del mundo en un menú. Andreas Viestad


 

El noruego Andreas Viestad (Oslo, 1973) es gastrónomo, escritor, columnista, presentador de televisión, horticultor y activista de los alimentos en general. Es muy conocido internacionalmente, pero hasta ahora no habíamos tenido ocasión de acercarnos a su escritura. El libro que hoy comentamos fue publicado en Noruega en 2020 y traducido al inglés dos años después.

Una cena en Roma es un texto que habla de cocina, pero también de otras muchas cosas. Partimos de la plaza italiana Campo de Fiori, concretamente de un restaurante, La Carbonara, y a él volvemos después de hacer un largo recorrido por un menú típico de la cocina italiana, la historia y la cultura humana.

Andreas se las arregla para hablarnos, a propósito del pan, de lo fácil que es hacer el tonto en una panadería romana, del ataque de los piratas al puerto de Ostia en el 68 a.C. y del cisma de las iglesias de occidente y oriente.

En los entrantes (antipasti) descubrimos el secreto que guarda en su corazón la alcachofa.

De la mano del aceite el autor nos introduce en el huerto de Getsemaní que está al cuidado de los monjes de la orden franciscana.

La sal es la sal de la vida en toda su extensión por mucho que los científicos y los cocineros acaben casi siempre enfrentados cuando hablan de ella.

En cierto sentido Roma es pasta (rigatoni) alla carbonara que se prepara siguiendo una receta cuyo origen es tan discutido como el de la pasta misma. “Cuando preparas carbonara, estás haciendo el plato más importante de Roma, así que sería un error utilizar parmesano… En Roma utilizan pecorino, un queso elaborado con leche de oveja…Utilizar panceta o beicon también es pecado. Debe ser guanciale (careta de cerdo), que tiene la grasa más dulce y crujiente… Si tu novio hace la carbonara con panceta o beicon en lugar de guanciale, rompe con él… Si tu novio hace carbonara con ajo, rompe con él. Si tu novio hace carbonara con perejil, rompe con él. Si tu novio hace carbonara con cebolla, rompe con él. Si tu novio hace carbonara de bote, pide una orden de alejamiento”.

La pimienta es “el espíritu santo de la carbonara”. Y con eso está dicho todo. No, no es verdad que las especias se utilizaran para encubrir el mal sabor de la carne o el pescado “pasado”. Hay otro motivo, algo que está en la esencia de la naturaleza humana y que la pimienta pone al descubierto. Pero no voy a decir lo que es. Lo que voy a contar es otra cosa. Una curiosidad que me ha llamado mucho la atención después de la lectura de la obra de Catherine Nixey. Cuenta Andreas que cuando Vasco da Gama llegó a la India bordeando la costa africana en 1498, anunció: ‘Venimos a buscar cristianos y especias’. Las especias eran valiosas, los cristianos estaban perdidos.

El recorrido que hace Andreas cuando habla del vino es acertadísimo. Combina el humor, el bochorno, la erudición, la poesía y la anécdota histórica. ¿Y si el famoso e inexplicable monumento del Göbekli Tepe no fuera sino una enorme sala de fiestas?

Con la carne y el fuego nos vamos a la hipótesis cada vez más sostenible del mono cocinero, según la cual fue el dominio del fuego lo que hizo al homo inteligente. Y no al revés.

El sorbete de limón es el postre. Limones de Amalfi. Limones grandes con mucho albedo cargado con fuertes aceites aromatizados.

Compré el libro para regalárselo a una persona a la que aprecio mucho y resultó que ‘pagare a la romana’, sin calcular quién ha comido qué.

Buen provecho, el menú es excelente.

sábado, 15 de marzo de 2025

"El otro nombre" y “Yo es otro” Jon Fosse

 




Al principio la novela parecía aburrida y demasiado reiterativa, porque se repiten frases e ideas continuamente, porque no hay puntos y aparte, porque hay avances y retrocesos continuos en el tiempo, tan pronto está hablando del cuadro que está pintando cuando es anciano, y en ese mismo párrafo y sin cambiar de frase, se retrotrae a cualquier episodio de su infancia que te relata con todo detalle para situarte en su presente. Y así continúa página tras página, y capítulo tras capítulo.

Pero a medida que vas avanzando en la lectura te das cuenta que el autor lo ha hecho a propósito y te vas metiendo poco a poco en la cabeza de un septuagenario, que se repite las cosas cada poco tiempo y que se pasa de una cosa a otra dejando todo a medias. Sí, cuando llevas unos cuantos capítulos, ya te ha metido dentro de su argumento, te ha empapado de la mentalidad de un anciano, de sus intereses y preocupaciones, de sus inseguridades, manías...

El protagonista se llama Asle, y es un hombre de pueblo, que desde que era niño se ha dedicado a pintar y a vivir de sus cuadros, que se ha quedado viudo, y echa muchísimo de menos a su mujer. Su vecino, se llama Asleik, al que regala un cuadro cada Navidad, y que éste le ayuda quitándole la nieve de la puerta o encendiéndole las chimeneas de la casa o proporcionándole montones de leña. Son vecinos que se entiende muy bien.

De vez en cuando se acerca a, Bjørguin, una pequeña ciudad cercana a su pueblo de Dylgja, a hacer las compras, y donde cada Navidad hace una exposición de los cuadros pintados durante el año. Siempre le ha ido bien y se han vendido mucho, y eso le anima a seguir pintando, pero a mitad novela en la página 422 nos dice:

“Porque mis cuadros están al servicio del Reino de Dios, nada menos, y lo mismo pensaba antes de convertirme, pero ahora, por algún motivo, tengo de pronto la sensación de que ya he dicho todo lo que tenía que decir, sí, es como si ya no me apeteciera seguir pintando, como si no tuviera más que decir, más que añadir, pero si dejo de pintar, ¿a qué podría dedicarme? ¿Quizá leer más? Porque en realidad me gusta leer y quizá podría hacerme con una barca, y empezar a navegar por el fiordo siempre que el tiempo acompañe porque el mar me gusta de toda la vida y siempre he pensado en hacerme con un barco pues sí un barco y un perro hay que tener eso es lo que siempre he pensado, pero luego no me ha salido así, no me he hecho ni con un barco ni con un perro, pienso, porque es como si siempre hubiera estado inmerso en esto de pintar. No había sitio para más, ni para un barco ni para un perro...”.

En realidad, es como si el autor nos estuviera contando la historia de su vida, pero en presente, en experiencia viva, a pesar de los saltos en el tiempo. Hay poco recorrido argumental, con límites poco precisos entre sus protagonistas, y vuelve de nuevo a redondear los detalles de ese asunto en una especie de espiral. Es una forma arriesgada de escribir una novela, pero desde luego es original y creativa, y “o te atrapa y te sumerges en sus aguas, o acabas naufragando en sus fiordos”.

 

EFRÉN ARROYO ESGUEVA