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sábado, 31 de mayo de 2025

La peste del año 1429 en Sotillo de la Ribera (Burgos)

 



(REGLA Y ORDENANÇA DE La Confradía DE El Apostol San Pedro)

“SEPAn todo los fieles Xptianos. que en el año de mil quatrocientos y veinte y nueue años embio Gran pestilencia mortifera en la maior parte destos Reynos de Castilla: y fue este lugar de Sotillo (Aldea de Gumiel de mercado) uno de los aquien sobrevino esta plaga en el dia Catorce de Diciembre de dicho Año. Duro esta Pestilencia en este lugar hasta diez y siete de Junio de el año de treinta, y murieron hasta Treinta y nueue personas i las mas dellas eran de tierna hedad. Viuíamos aquello con gran confussion y susto los que por la diuina Prouidencia estayamos libres de Contagio.

(…) Y determinamos unanimes, y conformes haçer doçe Candelas ahonor delos doçe apostoles de igual çera y pauilo y se ençendiesen como se hiço en la Parrochia de S. Agueda todas auntiempo y Ordenamos que en el interin que ardian fuesemos todos descalços como fuimos en Proçession ala Hermita de Nra. Señora de Prado Redondo extra muros de estelugar que dista del como medio quarto de legua aquien pedimos con deuocion interçediesse con su Precioso hijo Nro. Redentor fuese seruido de quitarnos tal contagio y tribulación y darnos conocimiento por medio delas dhas. Candelas qual delos doze Apostoles fuesse Nro. Patron siendo Nra. Determinada Voluntad lo fuese aquel cuya Vela durasse mas: que para Sauerlo sepuso en cada una el nombre del Apostol aquien se de dicaua.

Otorgó la diuina Piedad este gusto aNro. Deuoto Çelo, y remedio a Nra. necessidad, y auiendo buelto ala Iglessia se acauaron todas las Candelas Saluo la del Señor S. Pedro la qual fue puesta en el Cirio pasqual por martin Sanchez cura destelugar tañendo las campanas.

La Proçession fue mui  Solemne y acompañada de muchas lagrimas y deuocion. Estauan à la saçon siete personas dolientes desta pestilencia en manifiesto peligro dela Vida, y quedaron los dichos siete, buenos cuyo sucesso es euidente y se puede atribuir a milagro, y desde entonces çesso dicho contajio.

A gradecidos atan Singular fauor reciuido dela mano Poderossa del Señor y considerando que era efecto de la interçesion del Glorioso Apostol S. Pedro instituímos guardar su festiuidad y especial mente la q. se llama vincula Sancti Petri que es primero de Agosto y decir Missa para que como el fue librado delas Cadenas delos Judios en semejante dia, nosotros y los demas hermanos quenos suçedieren lo seamos de tal contagio y delos peligros y tentaciones deste mundo. 

(…) E yo el dicho cura Martin Sanches lo escreui y firme en Sotillo en ueinte y quatro de Junio año del Naçimiento de nuestro Saluador, de mil quatro cientos y treinta años.  Martin Sanches.

 

La peste negra surge en Asia, y acabó con un tercio de la población de Europa. El brote más grave de la epidemia se dio en 1348, y se repitió en sucesivas oleadas, más locales, hasta 1490, y llegó finalmente a matar a unos 200 millones de personas. (Wikipedia)

EFRÉN ARROYO ESGUEVA


martes, 22 de abril de 2025

El hereje. Miguel Delibes

 


El nacimiento del niño Cipriano Salcedo produjo la muerte de su madre por parto. Esto no se tradujo en un mínimo afecto del padre hacia el niño, sino todo lo contrario, que se refería siempre a su hijo como “el parricida”.

Para amamantar al niño, el padre contrató una criada, Minervina, que será uña y carne con el niño haciendo durante los primeros años de madre, de criada, de maestra, de catequista, de amante... Delibes va describiendo con frases cortas, verbo ágil y argumento conciso, la evolución del niño Cipriano, que es muy vivo y perspicaz, y todo lo pilla al vuelo.

Más adelante, el padre para apartarle de la influencia de su cuidadora, ingresa al niño en un colegio de expósitos, aprovechando la influencia de su hermano Ignacio que es oidor en la Chancillería de Valladolid. Allí, Cipriano endurece su personalidad con las experiencias vividas con sus compañeros, y sigue progresando sabiamente y afianzándose en su nivel cultural. Se vuelve muy escrupuloso en lo religioso, intentando hacer el bien, pero no para salvar su alma, sino principalmente, para ayudar a los demás a que se salven. Estos escrúpulos de la religión le acompañarán toda su vida, y se los irá planteando a lo largo de la novela a sus maestros, amigos, tutores y confesores.

Se nota que Delibes conoce el mundo rural y va dejando huellas de sus conocimientos, en los pueblos por los que pasa el padre de Cipriano, don Bernardo Salcedo, y más adelante en las ocupaciones rurales del hijo, don Cipriano: lo mismo con las costumbres, la caza o los animales, Delibes apuntala sus descripciones con palabras raras ya en desuso: perulero, escribanía, zarabanda, capillo, lubricán, escañiles, haldas, zamarros, conventículo... Obligándome a buscar en el diccionario su sentido exacto, que en parte ya te imaginas por el contexto.

Una vez muerto el padre, Cipriano hereda el negocio y lo hace progresar, y se sigue enredando en temas religiosos, visitando los predicadores más famosos de las iglesias de Valladolid o los curas de las iglesias de la comarca.

En aquel momento en la iglesia católica se produce una división entre los que están a favor de la reforma de Lutero y el espíritu erasmista, y los que están en contra. A Cipriano Salcedo le atrae lo más auténtico y cercano a la coherencia. Y comienza a visitar un conventículo de corte erasmista y luterano. Aquel conventículo clandestino de Valladolid, era una reunión de hermanos alentada por la fe y el temor como los primitivos cristianos en las catacumbas, como las de los apóstoles tras la resurrección de Cristo.

“Aquel día el conventículo iba a versar sobre las reliquias y otras supersticiones, advirtiendo que no pocas de estas creencias ridículas circulaban aún por nuestras iglesias y conventos y se respetaban como artículos de fe. Los engaños que se hacen con estas reliquias que sacan dinero de los simples como por pelearéis por muchas reliquias que os mostrarán en dos o tres lugares. El doctor Cazalla intentó demostrar que la reliquias eran algo innecesario y no solo inútil sino nocivo para la Iglesia, y que deberíamos esforzarnos para desarrollar ese culto por ir de nuestras costumbres religiosas, y lo unió con el tema de las indulgencias tan frecuente en su oratoria para vivos y para muertos se producían inevitablemente con el dinero de por medio y concluyó afirmando que estos negocios no sólo carecían de valor escriturístico sino que era evidente la falacia a la que daban lugar. (Página 279)

En Alemania los luteranos achacaban a los conventos católicos la vida licenciosa que se hacía en ellos, pero según otros, eran los religiosos luteranos los que mantenían en casa sus concubinas y lo que era peor se ufanaban y hacían gala de todo ello. El que Lutero contrajo matrimonio con una monja exclaustrada era un acto sacrílego, puesto que ambos habían hecho votos de castidad. Otros rebaten que la prohibición de casarse y sus peligros, y que era la decisión de un concilio y por tanto otro Concilio podía inutilizarla como había hecho la Iglesia griega.

Algunos conventículos eran un intercambio de improperios, dada la falta de preparación religiosa y a nivel cultural de sus asistentes. Ello conllevó que llegara a conocimiento de la Inquisición, y sus componentes apresados, y la mayor parte de ellos ajusticiados en la hoguera.

Cuando el tío de Cipriano, don Ignacio Salcedo, le visitan la prisión secreta de la Inquisición le abrazó y le dijo: "Algún día, musitó a su oído, estas cosas serán consideradas como un atropello contra la libertad que Cristo nos trajo. Pide por mí, hijo mío." ¡Es el Presidente de la Chancillería el que pide al preso (su sobrino), que rece por él! Es el mundo al revés. Con esa frase Delibes nos está sugiriendo una nueva interpretación de la novela.

En resumen. La definición de la palabra conventículo ("Junta ilícita y clandestina de algunas personas") podría ser un buen resumen de la obra. A pesar de la complejidad de la temática religiosa que implica "El hereje", Delibes lo describe de manera magistral, amena y didáctica, que te hace sentir partícipe de la descripción de cada momento en toda la novela.

 

Efrén ARROYO ESGUEVA


sábado, 15 de marzo de 2025

"El otro nombre" y “Yo es otro” Jon Fosse

 




Al principio la novela parecía aburrida y demasiado reiterativa, porque se repiten frases e ideas continuamente, porque no hay puntos y aparte, porque hay avances y retrocesos continuos en el tiempo, tan pronto está hablando del cuadro que está pintando cuando es anciano, y en ese mismo párrafo y sin cambiar de frase, se retrotrae a cualquier episodio de su infancia que te relata con todo detalle para situarte en su presente. Y así continúa página tras página, y capítulo tras capítulo.

Pero a medida que vas avanzando en la lectura te das cuenta que el autor lo ha hecho a propósito y te vas metiendo poco a poco en la cabeza de un septuagenario, que se repite las cosas cada poco tiempo y que se pasa de una cosa a otra dejando todo a medias. Sí, cuando llevas unos cuantos capítulos, ya te ha metido dentro de su argumento, te ha empapado de la mentalidad de un anciano, de sus intereses y preocupaciones, de sus inseguridades, manías...

El protagonista se llama Asle, y es un hombre de pueblo, que desde que era niño se ha dedicado a pintar y a vivir de sus cuadros, que se ha quedado viudo, y echa muchísimo de menos a su mujer. Su vecino, se llama Asleik, al que regala un cuadro cada Navidad, y que éste le ayuda quitándole la nieve de la puerta o encendiéndole las chimeneas de la casa o proporcionándole montones de leña. Son vecinos que se entiende muy bien.

De vez en cuando se acerca a, Bjørguin, una pequeña ciudad cercana a su pueblo de Dylgja, a hacer las compras, y donde cada Navidad hace una exposición de los cuadros pintados durante el año. Siempre le ha ido bien y se han vendido mucho, y eso le anima a seguir pintando, pero a mitad novela en la página 422 nos dice:

“Porque mis cuadros están al servicio del Reino de Dios, nada menos, y lo mismo pensaba antes de convertirme, pero ahora, por algún motivo, tengo de pronto la sensación de que ya he dicho todo lo que tenía que decir, sí, es como si ya no me apeteciera seguir pintando, como si no tuviera más que decir, más que añadir, pero si dejo de pintar, ¿a qué podría dedicarme? ¿Quizá leer más? Porque en realidad me gusta leer y quizá podría hacerme con una barca, y empezar a navegar por el fiordo siempre que el tiempo acompañe porque el mar me gusta de toda la vida y siempre he pensado en hacerme con un barco pues sí un barco y un perro hay que tener eso es lo que siempre he pensado, pero luego no me ha salido así, no me he hecho ni con un barco ni con un perro, pienso, porque es como si siempre hubiera estado inmerso en esto de pintar. No había sitio para más, ni para un barco ni para un perro...”.

En realidad, es como si el autor nos estuviera contando la historia de su vida, pero en presente, en experiencia viva, a pesar de los saltos en el tiempo. Hay poco recorrido argumental, con límites poco precisos entre sus protagonistas, y vuelve de nuevo a redondear los detalles de ese asunto en una especie de espiral. Es una forma arriesgada de escribir una novela, pero desde luego es original y creativa, y “o te atrapa y te sumerges en sus aguas, o acabas naufragando en sus fiordos”.

 

EFRÉN ARROYO ESGUEVA


miércoles, 19 de mayo de 2021

“Las olas” de Virginia Woolf

 


En sus primeras páginas, los seis protagonistas y amigos (Bernard, Louis, Rhoda, Susan, Jinny y Neville), bajo la sombra de los árboles de un pequeño bosque cercano al instituto donde estudian, mientras esperan que suene el silbato de vuelta a las clases, enumeran frases cargadas de simbolismo y metáforas. Son sensaciones, idealismos, realidades, proyecciones, que en su desarrollo, la autora, a propósito, supera los límites, los tiempos y los deseos de los protagonistas.

Estas primeras páginas me traen a la memoria “El club de los poetas muertos”, donde los estudiantes se reúnen cada noche para recitar y disfrutar de la literatura que están descubriendo.

Al leer estas páginas pensaba, si en vez de reflexiones individuales e introspectivas, la autora las hubiera puesto en forma de diálogo, la novela habría ganado en cohesión y armonía, pero habría perdido toda la profundidad y belleza que alcanzan estos monólogos.

Y si bien son seis personajes (más un séptimo, Percival, sugerido, y desparecido, pero presente e idealizado por su temprana muerte en India), los caracteres de ellos son muy distintos. Bernard es dicharachero y espontáneo, el que anima, reflexiona y tira del grupo; Louis no suelta su muletilla de clasismo “mi padre es banquero en Brisbane”; Susan, la chica práctica de pueblo, que desarrolla su vida con sus hijos en su granja; Jinny, la atractiva y cautivadora, que sabe manejar a los hombres; Rhoda, la regordeta y tímida adolescente, que piensa que estorba en todos los sitios; y Neville, de familia noble, culto y clasista.

Pero ninguno está a gusto, ninguno es feliz. Todos se necesitan. Por eso, periódicamente, se reúnen para recordar los “viejos tiempos”, pero a la vez para escrutar cómo ha evolucionado la vida de cada uno, para evaluar dónde llegan y dónde se habían propuesto. Y así, capítulo a capítulo, con un marco inicial que la autora sitúa en el movimiento de las olas (que da nombre a la novela) mientras el sol va ascendiendo progresivamente, así va avanzando la vida de los protagonistas hasta el último capítulo, en el que llega el ocaso del sol y el fin de la novela. Y, entre líneas, la autora nos deja caer que la tímida Rhoda se suicida, como más tarde lo haría la propia autora.

Y como jóvenes que son, como adolescentes que son – y nosotros hemos sido y sentido-, una vez acabada su formación, están dispuestos a comerse el mundo, tienen intacto su tesoro: “Superadas las dudas, las oscuridades y el deslumbramiento de la adolescencia, miramos rectamente al frente, dispuestos a aceptar cuanto nos venga. Vendrán días y días, días de invierno y días de verano, apenas hemos comenzado a gastar nuestro tesoro”.

Y Bernard, que no es sino la mente de la autora puesta como hilo conductor de la novela, hace profundas reflexiones, que nos obligan a hacérnoslas a nosotros mismos:

 “Lo que yo llamo “mi vida”, esta vida, no es una vida contemplada en el recuerdo; no soy una sola persona; soy muchas personas; ni siquiera sé quién soy -Jinny, Susan, Neville, Rhoda o Louis-, ni sé distinguir mi vida de la suya.”

Aunque es Bernard el que se pregunta todo esto, en realidad se percibe que son reflexiones autobiográficas de la propia autora, Y de nuevo, aún más explícitas, vuelven estas reflexiones unas páginas más adelante, que, para acabar de confundir los límites entre autora y personajes de la novela, hacia el final del libro nos dice:

“¿Quién soy?” He hablado de Bernard, Neville, Jinny, Susan, Rhoda y Louis. ¿Seré acaso todos a la vez? ¿Soy uno y distinto? No lo sé. Aquí estamos sentados todos, juntos. Pero Percival ha muerto, y Rhoda ha muerto. Estamos divididos. Sin embargo, no veo obstáculo alguno que nos separe. Esa diferencia a la que tanta importancia damos, esa identidad que tan febrilmente ansiamos, quedó superada.

 

Informándome ligeramente sobre la autora en la Wikipedia, lo que más me llama la atención de su biografía es que se educa en el propio hogar, hija de un padre muy culto (novelista, ensayista, montañero…). Cuando tenía 13 años muere su madre de repente. Este hecho inesperado le hará caer en una profunda depresión. Además, un par de hermanastros comienzan a abusar sexualmente de ella y su hermana… Poco después muere una hermana, y algunos años más tarde su padre. Estos hechos hacen temblar su equilibrio mental. Logra cierta estabilidad casándose con un editor, y manteniendo cultas tertulias literarias del famoso Círculo de Bloomsbury, de alto nivel intelectual y librepensador, en las que participaron renombrados autores de la talla del economista Keynes, el escritor Henry James o el filósofo Bertrand Russell.

Parece que sus vacaciones veraniegas en Cornualles durante toda su infancia, dejaron profunda huella en su sentir.  Y esos sentimientos los refleja en las introducciones de cada capítulo, llenas de metáforas y comparaciones, que me han impresionado por su originalidad: “Las calles están atadas entre sí con hilos de telégrafos”. “Olas azules, verdes, dibujan rápidos abanicos en la playa”. “Al romper, las olas extendían sus blancos abanicos hasta muy lejos”. “Solo los leves pliegues, como los de un paño arrugado, permitían distinguir el mar del cielo”. “Los pájaros se van volando como el puñado de semilla que lanza el sembrador”.

Ese entorno literario de su infancia con su padre escritor, o más tarde, ya casada, sus amistades y su círculo literario, la enseñan otro mundo más agradable y distinto de vivencias y valores, y la animan a escribir. Pero su equilibrio mental nunca logró la estabilidad de la infancia, y, tras varios intentos de suicidio, finalmente se retiró de escena lanzándose al río Ouse con los bolsillos llenos de piedras.  

EFRÉN ARROYO ESGUEVA

 

viernes, 4 de enero de 2019

COMENTARIOS A LA NOVELA “DRÁCULA” de Bram Stoker


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Nos encontramos frente a una novela epistolar. No es frecuente, al menos para mí, hacer avanzar la acción y los puntos de vista de los personajes, mediante sus diarios, notas, telegramas, grabaciones... Porque eso nos obliga a cambiar de postura ante un mismo hecho, a ponernos al otro lado de la mesa, y por tanto con otra perspectiva enfrente.

Me siento tocado con la respuesta que da el Dr. Van Helsing a Mina Harker, cuando esta le dice que no la conoce:  “¿Que no la conozco? ¡Yo que soy un viejo, y he estudiado toda mi vida a los hombres y las mujeres; yo, cuya especialidad es el cerebro y todo cuanto a él se refiere y lo que de él se deriva!” Y como de la conversación de una tarde y de la lectura de un diario, puede tener ya una idea clara de los valores de esa persona. Y es que me hace reflexionar sobre los compañeros que formamos la tertulia, y que nos toca valorar la conducta humana a partir de unos datos y hechos reflejados en unos folios, y de una corta conversación personal, tenemos que sacar una idea de cómo están enfocados los valores en esa persona. Como el Dr. Van Helsing dice, si es una tiniebla en la vida, o es una luminaria.

Cuando Van Helsing trata de convencer al Dr. Seward de la existencia de vampiros, explica: “¡Ah! Ese es el error de nuestra ciencia: quiere explicarlo todo; y si no puede explicarlo, entonces no hay nada que explicar”. Y es que esa explicación está vigente en su totalidad hoy en día; parece que la hubiéramos leído en los periódicos de la mañana: lo que la ciencia no puede explicar, no existe. Aparentemente es una base de sentido común y muy científica, pero yo añadiría “que no existe para la ciencia de hoy en día”. El mismo doctor lo renta en ese capítulo: “Los que descubrieron la electricidad y sus aplicaciones, si lo hubieran hecho tiempo atrás, habrían sido quemados por brujos.” Y es que nos creemos en posesión de la verdad, nuestra verdad.

Cuando comienzan la búsqueda y persecución del Conde Drácula, como niños, como mosqueteros, unen sus manos y juran mutua fidelidad, frente a Mina, aquella a quien amaban todos, cada uno a su manera. (Pág. 374)

Y más curioso aún es el numerosísimo intercambio y funcionamiento de los telegramas. Parecen los whasts’app de su época. Sorprende como unas horas después de separarse de Mina, y estando en una casa desconocida y deshabitada, les llega un telegrama de esta a esa dirección. ¿Es que no tenía que desplazarse a Correos y Telégrafos para poner el telegrama? ¿No había colas para que les atendiesen? ¿O es que solo eran hábitos de la High Society?

Sí, parece una novela clasista: la de los porteadores de cajones, los conductores de carruajes, y la servidumbre, por un lado; y por otro la burguesía: médicos, abogados, periodistas, condes, y princesas (Lucy y Mina). Por ello, estos últimos disponen de varios meses para buscar al Conde Drácula, por no hablar de los medios materiales cuantiosos que les permiten comprar, allí donde se encuentren, caballos, carruajes, barquito de vapor….

Un tema presente en toda la novela es la minuciosidad con que planifican sus acciones, tienen en cuenta las distintas posibilidades, dividen los trabajos, incluso dejan margen para los imprevistos. Graban toda la información, escriben diarios con los sucesos de cada jornada, ordenan los datos con fichas… Incluso dejan arreglados asuntos con sus seres queridos y hacen su testamento, por lo que pueda pasar. Sin ordenadores, sin los artilugios mecánicos de hoy en día. Todo bajo control. ¡Pero es que estamos hablando de una novela escrita a finales del siglo XIX!

¿Y cómo cerrar la novela? Por lo que he visto, parece que decepciona a la mayoría de los lectores. Ya al final del capítulo 25 va introduciendo elementos: resulta que el Conde Drácula tiene una mente infantil, y actúa en base a experiencias primarias, lo que les permite prever sus siguientes pasos. Renuncia a utilizar a Mina, y cree que así no podrán averiguar nada hipnotizándola, pero no cuenta con la voluntad y sabiduría de Van Helsing, alma de la novela, líder del grupo y alter ego del autor. Incluso desliza una frase que hoy sería objeto de muchas críticas: “Mina tiene un gran cerebro, tan hábil como el de un hombre, aunque dulce como el de toda mujer”.

El grupo se adentra en los Cárpatos, se divide en varias líneas de persecución y sigue rutas sinuosas, atraviesa escarpadas montañas, desolados parajes y… tenebrosas fechas (Halloween, el Día de Difuntos…), hasta finalizar la obra un 6 de noviembre, al acabar, no con la vida sino con la no muerte de Drácula, que antes de desintegrarse alcanza una sonrisa de paz humana.

 

Efrén ARROYO ESGUEVA

 

sábado, 19 de mayo de 2018

COMENTARIOS SOBRE “ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS”





Al igual que Alicia entra en un mundo fantástico y siguiendo al Conejo Blanco entra en su madriguera y en su mundo fantástico, curiosamente esos días en los que comencé su lectura, viajé por la cornisa Cantábrica, y al entrar en esos túneles, me surgía en la mente la posibilidad de introducirse en un mundo fantástico y maravilloso. No fue así; pocos segundos después, el entorno te devolvía a la cruda realidad, pero eso sí, de bellos paisajes.

Las situaciones y personajes o protagonistas que van desfilando por el libro pueden ser de temática infantil, incluso sus deseos y fantasías, pero el análisis que hace Alicia de todo cuanto ve y le pasa, es de una mente adulta y despierta. Y esto, que al principio puede tener coherencia con el contenido infantil, se va comprobando a medida que avanzamos en sus páginas.

La habilidad de Alicia para replantearse su situación, para opinar, para hacerse y hacer preguntas, para aclarar su estado presente y, en consecuencia, decidir el siguiente paso a dar:

“Me gustaría saber cuántas millas he descendido ya –dijo en voz alta-. Tengo que estar bastante cerca del centro de la Tierra. Veamos: creo que está a cuatro mil millas de profundidad… (Pág. 5).

“Aquí todo el mundo da órdenes. ¡No había recibido tantas órdenes en mi vida! ¡Jamás! (Página 60).

Las disquisiciones con el lenguaje son frecuentes y sorprendentes en una niña:

“¿Por qué no toma un poco de té? Hasta ahora no he tomado nada, de modo que no puedo tomar más, … Quieres decir que no puedes tomar menos, …” (pág. 47).

“Una carta escrita por el prisionero a alguien”. “Así debe ser –asintió el Rey- porque de lo contrario hubiera sido escrita a nadie, lo cual es poco frecuente”.

Y también abundan los juegos de palabras:

“Gala-pago”. Tenía a “gala” enseñar en una escuela de “pago”.

“Matar el tiempo” …, hablan de matar, y ¡nada menos que al tiempo!

“Aprendimos a feificar. ¿No sabes lo que es? Por lo menos sabrás lo que significa “embellecer”.

La reina se comporta habitualmente como una déspota con sus súbditos, siempre está dando órdenes de cortar cabezas, aunque luego esas órdenes no se cumplan y se queden en agua de borrajas:

“¡Prended a ese lirón!¡Arrojadle! ¡Reprimidle! ¡Pellizcadle! ¡Dejadle sin bigotes!” (Pág. 74). 

Y nos resulta sorprendente el plantel de asignaturas que se imparten en el mundo marino: “Clases de patín, de riego, de tintura al bóleo, de mareografía…”

Se va acabando el libro, y uno se va preguntando ¿cómo lo acabará? ¿cómo cerrará su final? Porque ya sólo quedan dos o tres páginas y esto sigue embrollado en un juicio absurdo. Y Carroll lo resuelve de forma magistral en un plis-plas: la Reina manda que le corten la cabeza a Alicia, y esta vuelve a la realidad despertando en la hierba con la cabeza apoyada en la falda de su hermana mayor, que era donde había comenzado el libro. Todo había sido un sueño “maravilloso” de Alicia, que al momento cuenta con detalles a su hermana.

Lo curioso es que su hermana cierra los ojos y empieza a soñar… con su hermana Alicia, con el Conejo Blanco, con la Liebre de Marzo y sus amigos… Uno cree que el cuento vuelve a empezar, que es el pez que se muerde la cola… “Pero su hermana sabía que le bastaba volver a abrir los ojos para encontrarse de golpe en la aburrida realidad”. Y es en esta última página –no podía ser de otra manera- cuando desenmascara el sueño: “La hierba solo era agitada por el viento, y el chapoteo del estanque se debería al temblor de las cañas que crecerían en él. El tintineo de las tazas de té se transformaría en el resonar de unos cencerros, y la penetrante voz de la Reina en los gritos de un pastor. Y los estornudos del bebé, los graznidos del Grifo, y todos los ruidos misteriosos, se transformarían (ella lo sabía) en el confuso rumor que llegaba desde una granja vecina”. (Pág. 80.)  Pero su hermana sí era consciente de que todo era fruto de su propia imaginación soñadora.

Pero como todos los cuentos acaba con un final hermoso, con una ilusión tremenda, con un optimismo hacia el futuro de Alicia: “Y pensó que Alicia conservaría, a lo largo de los años, el mismo corazón sencillo y entusiasta de su niñez, y que reuniría a su alrededor a otros chiquillos y haría brillar los ojos de los pequeños… y que Alicia sentiría las pequeñas tristezas y se alegraría con los ingenuos goces de los chiquillos, recordando su propia infancia y los felices días del verano.”

 Y nosotros, sus lectores, hacemos lo mismo, también nos alegramos al recordar nuestras inocentes aventuras de la infancia.
EFRÉN ARROYO ESGUEVA

sábado, 28 de abril de 2018

ALGUNOS COMENTARIOS A LA NOVELA “PATRIA” POR EFRÉN ARROYO


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Comencé esta novela de Fernando Aramburu con muchas expectativas, dada la fama que la precedía. En los primeros capítulos me atrapó y bloqueó lo emocional. No podía leer más de un capítulo o dos por día. No me podía creer mi reacción. Me removía sentimientos, y eso que yo no me vi afectado directamente ni secundariamente por las consecuencias de ese entorno tan duro de vivir.

Pero claro, Burgos limita con Bilbao, así que todo el mundo tiene amigos o familiares en el País Vasco, y son de todos los colores políticos. Y es un tema de conversación que surgía con frecuencia en las cenas de los merenderos de las bodegas, en las comidas familiares, en la calle, en el bar… En teoría al hablar se ofrecían soluciones, pero en realidad se tomaban posiciones viscerales, se habrían heridas… Eran años en los que casi todas las semanas morían personas asesinadas por ETA, algunos años cerca del centenar, y según la Wikipedia, 829 asesinados por ETA en su historia. Era imposible permanecer impasible ante tanta barbarie.

Yo en aquella época fui durante ocho años concejal de mi pueblo, y nunca percibí miedo (estábamos lejos del lugar de los hechos, y además estábamos por un partido que no parecía objetivo de la banda), pero sí que vivíamos la política en primer plano y seguíamos de cerca la política nacional.

            En algunos capítulos del libro uno reconoce nítidamente sensaciones vividas en aquella época de violencia. Recuerdo haber asistido a unas fiestas en un pueblo de Bilbao, con amigos comunes de juventud, y ver carteles de presos vascos en calles y plazas, pancartas pidiendo su libertad, pintadas en numerosos muros con frases ofensivas hacia lo estatal… Y a nosotros, jóvenes de la Castilla profunda, que defendíamos esa democracia que superaba la dictadura reciente, nos dolía y afectaba en nuestro interior esa interpretación del problema, porque nuestra visión era otra. También nos chocó enormemente y nos parecía inaudito que, en la comida popular de esas fiestas, por los altavoces se escuchara una grabación con el saludo y felicitación al pueblo en sus fiestas, de un preso de ETA desde la cárcel. Una experiencia más que quedó grabada fue la de algunos coches de bilbaínos, que al ir y al volver de ver a su equipo jugar la final de copa en Madrid, y pasar por el centro de Aranda (entonces no existían las autovías), los arandinos les insultaban y ellos les tiraban pesetas llamándoles muertos de hambre. Eran tiempos en los que los instintos primarios estaban a flor de piel.

Socialmente la novela me parece atrevida, bien trabada y al gusto de una mayoría de lectores. Cambia de narrador a protagonista en el mismo párrafo, lo que le da mucha agilidad. Frases cortas. Capítulos cortos, pero enlazados tres o cuatro a la vez, lo que le da continuidad. Unos toques de sexo, otros de problemática familiar o vecinal que nos son cercanos por similitud. Todo ello parece justificar sus enormes ventas y popularidad.

Literariamente, después del recorrido de literatura clásica de estos años, la novela me parece muy floja. Le sobran páginas y capítulos que no aportan nada (¡qué pinta un capítulo entero de una tarta que regala un señor, y sus problemas para repartirla!) Apenas utiliza adjetivos, o figuras literarias, o descripciones de paisajes o caracteres, sino que va directo a los sentimientos.

Es curioso y sorprendente que, casi al final del libro, en el capítulo 109, parece hacer una incursión y reflexiones sobre el propio libro, comentando las razones que le llevaron a escribirlo, por qué él no ingresó en ETA, etc.

Y uno se pregunta ¿cómo cerrará el libro? ¿cómo será su final? ¡Seguro que muere Bittori, a lo que ya nos va preparando en el último tercio del libro! ¡Seguro que consigue que José Mari le pida perdón, y este, con alguna medida de gracia logra salir de la cárcel! Pero no, no es así. Deja un final abierto. Finaliza con un abrazo entre las dos partes, entre las dos vecinas que durante muchísimos años habían sido amigas inseparables. Incluso siembra la duda de que es Miren la que puede morir. Sírvase usted mismo. Imagine usted su final.

Concluyendo. Fernando Aramburu ha tenido la audacia de elegir un tema polémico y saber trabarlo con desenvoltura, con interés, que en sus páginas hace remover sentimientos a los que lo leen, identificarse con los planteamientos de este o aquel personaje. En mi opinión, es una novela que pasará a la memoria colectiva y la historia popular, lo que no es poco, pero no a la historia literaria.