Mostrando entradas con la etiqueta Cortázar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cortázar. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de marzo de 2012

Rayuela. La lectura/y 3


 
83.- Un intento de definir qué parte del alma se pone en el acto de defecar. De Horacio, suponemos.

142.- El club trata de averiguar dónde residía el poder de la Maga. Da la impresión de que efectivamente ha desaparecido después de la muerte de Rocamadour.

34.- En 31 ya salió a relucir la novela de Galdós que la Maga tenía en la mesa de luz. Se trata de “Lo prohibido”, cuyo inicio es reproducido en las líneas impares de esta casilla 34. En las pares, asistimos a los pensamientos de Horacio, la confesión de su verdadero amor hacia la Maga cuya simplicidad e ignorancia –y lecturas-, chocan con la visión intelectualizada de la realidad que tiene Horacio. La técnica empleada por Cortázar pretende poner de manifiesto la realización simultánea de dos acciones: los pensamientos de Horacio mientras lee la novela de Galdós que ha sacado del cajón de la Maga. Esta ha leído antes de la novela de Galdós y ha tenido unos pensamientos muy acordes con lo que Galdós expresa en su novela; ahora Horacio lee la misma novela y sus pensamientos danzan en una interminable figura sin sentido.

87- Jazz: Duke Ellington y Cottie Williams.

105.-  Morelliana de inusual claridad.

96.- El club entra en el apartamento de Morelli con la llave que este le había entregado a Horacio en el hospital.

94.- Morelliana: química y escritura.

91.- El club en la cocina del escritor, a punto de alzar la tapa de los guisos.

82.- Morelliana: el swing del escritor. Magnífico.

99.- Los miembros del club con el pedantismo por las nubes. Resulta consolador que ya en los años cincuenta se tuviera conciencia del vértigo tecnológico.  Por lo demás lo único aprovechable es la frase de Étienne: “Al final, como siempre, un acto de fe. Sigue siendo la mejor definición del hombre. Ahora, volviendo al asunto del huevo frito…” Genial.

35.- Babs insulta a Horacio, le llama inquisidor, le reprocha su comportamiento con la Maga que se ha marchado a cuidar a Pola, enferma. Algo tiene que ver el huevo frito que despide olor a tumba y la media botella de coñac que se ha tomado Babs. Horacio anuncia el abandono del club.

121.- Poema en inglés de un tal Ferlinghetti (parece de origen italiano). No veo el sentido.

36.- Horacio lame sus heridas bajo un puente, junto a cuatro clochardes. Hay un giro magnífico en el punto de vista del narrador, pues de pronto Horacio pasa a ser el nuevo clocharde. Pero Cortázar no se detiene ahí, satisfecho de su técnica, sino que entremezcla el punto de vista de la clocharde, la compañera de Celestín, con la visión que Horacio y la Maga tenían antes cuando iban juntos al puente y se quedaban mirando a los clochardes. Horacio en el fondo de un furgón policial.

37.- Aparecen Traveler y Talita. Se mueren de ansias por viajar. Se conocieron comprando unos supositorios para la bronquitis, ella es farmacéutica, él trabaja en un circo, tiene un gato calculista.

98.- Horacio, parece Horacio en un momento de su vida incierto y en un lugar más incierto aún. El principio de incertidumbre de Heisenberg…

38 y 39 .- Horacio vuelve “violentamente” a la Argentina. Traveler patea al gato calculista cuando se entera. Chinchulines y vino en el reencuentro de los dos amigos en Buenos Aires. Horacio no quiere contar nada.

86.- Wong abandona Francia, no vale la pena seguir molestándose en “champollionizar las rosetas del viejo”. El neologismo champollionizar es inmediatamente aclarado por la referencia a las rosetas, es entonces cuando te das cuenta de que el verbo hace referencia a Jean-François Champollion, el egiptólogo francés que dio con la clave para descifrar los jeroglíficos interpretando la piedra Roseta. Las citas son del libro El retorno de los brujos de Pauwels y Bergier: esoterismo, parapsicología…

78.- Horacio interpreta su vida de vuelta. Una novia antigua que lo esperó como un hodioso hodiseo (sic), Gekrepten, y un corretaje de cortes de gabardina que vende disfrazada de marinero.

40.- Traveler quiere saber de “aquello” refiriéndose a Francia, pero Horacio no quiere hablar. “Ningún interés” le dice para hacerlo rabiar.

59.- Cita de pescadores, peces muertos y la obligación de aquellos con estos, hecha por Lévi-Strauss.

41.- Horacio endereza clavos sobre una baldosa. Lo que acontece a continuación no tiene desperdicio, es algo así como una obra del más puro esperpento valleinclanesco. Horacio quiere yerba para cebar el mate y se la pide a Traveler que vive enfrente. En lugar de ir a buscarla, ambos deciden que resulta preferible construir una especie de pasarela con dos tablones que parten desde sus respectivas ventanas para salvar la calle que las separa. Talila en el centro que une las dos tablas y a punto de estrellarse contra el suelo, acepta la oferta de Horacio de ¡jugar a las preguntas balanza! Y después Talila se pondrá un sombrero y acabará por lanzar la yerba con clavos que había pedido Horario a su amigo Traveler, y que era lo que justificaba todo este montaje teatrero. Claro que al fin y al cabo, trabajan en el circo como dicen los chicos del barrio que contemplan la escena desde la calle.

148.- Aulio Gelio, el gramático latino del siglo II, explica el origen de la palabra persooona.

42.- Horacio, al fin, comienza a trabajar en el circo. Toda va realmente muy bien.

75.- Una buena muestra del histrionismo bucal de Horacio.

43.- Talita le pide a Horacio que se marche, que deje a Traveler vivir sin su presencia. Pero eso no es posible, Horacio no tiene otro asidero en el mundo que ellos dos: Talita y Traveler. Esos dos nuevos compañeros de juego, del juego de las casillas astrales o celestiales, ese juego que se juzga a través del agujero donde termina la lona de la carpa circense.

125.- Horacio emperrado, acaba por echarse un galgo a sí mismo.

44.- Traveler duerme poco. Por el día, silba tangos y ceba mate o lee. El director del circo está en tratos para comprar un loquero o cambiarlo por el circo. Talita despluma un pato cada quince días, Traveler le corta la cabeza, al pato. Las doce de algún día. Talita, una pelota de tenis. Horacio tirándole un lance a Talita. Y Traveler gritándole al cielo estrellado que cabe en una panera: “¡Qué no! ¡Qué es otra cosa! ¡Malditamente otra cosa, carajo!”.

102.- Dos citas: Musil y Hofmannthal. La voz silenciosa (horaciana) y la noción definida (traveleriana).

45.- Horacio y Traveler viven pendientes el uno del otro, incluso hay párrafos en los que se aprecia cierta confusión de voces, una sola voz. Sin embargo, y ahí está el bicho que los habita a los dos, casi no se hablan. Se parecen tanto como si fueran uno mismo.

80.- El pobre loco, el soñador de Horacio.

46.- El tango Cotorrita de la suerte. Seis barajas de una tacada en el juego de la escoba. Conversan Horacio y Traveler. Se reprochan, se espían. El tangacho Malevaje de Juan de Dios Filiberto.

47.- La voz de Talita. Asombroso lo que consigue Cortázar en cuatro hojas. No es lo que cuenta, ni siquiera cómo lo cuenta, es el tono, el timbre, ese gusto que te deja en la boca.

110.- Cita de Anaïs Nin. Un sueño fractal.

48.- Sorprendente pirueta temporal: Horacio a bordo del barco que lo devuelve a Buenos Aires, ve el fantasma de la Maga atravesando la cubierta. Más allá de lo que cuenta, es la voz inconfundible de Horacio, perfecta, como esculpida en dura piedra mingorriana, la que paulatinamente acaba por llenarlo todo, el antes y el después.

111.- Narración de la vida de Ivonne Guitry. No he sido capaz de saber con certeza si se trata de alguien que tuvo una existencia cierta al lado de Carlos Gardel, o si por el contrario no es más que una simple historia en la que se inspiró el tango Madame Ivonne.

49.- El circo se vende o, mejor, se permuta por clínica mental.

116.- Cita de Molcolm Lowry.

50.- Para formalizar el traspaso de la loquería, es preciso que los enfermos presten su consentimiento. Traveler-Talita-Horacio, el trimegisto.

119.- Una cotorrita australiana dentro de un jaula londinense de 8 pulgadas.

51.- Los residentes del sanatorio firman el traspaso.

69.- Obituario del coronel Adolfo Abila Sanhes publicado en Renovigo (Periódiko Revolucionario Bilingüe), publicación mexicana en lengua ispamerikana de la Editorial Lumen.

52.- Los enfermos mejor, gracias. El internista juega al póquer con Horacio y Traveler. La Cuca, la mujer del dire, mete las narices en todos los asuntos. Y de lo otro, ¿qué iba Horacio a poder contar?

89.- Un par de cartas del licenciado Juan Cuevas, que no sabemos quién es. Anticlericalismo y la chingada madre.

53.- En la morgue de la clínica de Ferraguto.

66.- La impotencia de Morelli: un muro construido con una sola frase.

149.- Poema de Octavio Paz. El extraño eco de los pasos propios.

54.- Horacio contesta la carta de Gekrepten, su pareja sentimental. Contempla desde su venta la rayuela en la que el 8 despliega una habilidad sin igual. Aunque Talita lo intenta con un pobre resultado, es suficiente para provocar la confusión en el espíritu de Horacio que cree ver de nuevo a la Maga, como en el barco. Horacio da el relevo a Traveler en la guardia de las once y media de la noche. Talita le lleva limonada a media noche y Horacio le cuenta su visión y el miedo en el pasillo de un momento antes. Aparece don López, uno de los internos, acariciando una paloma que siempre lleva consigo. Trae presagios de degüello general, de un revólver que parece una paloma. Talita y Oliveira descienden en el montacargas hasta el sótano, donde está la morgue, siguiendo los pasos del sujeto de la paloma. Hay una ola de calor y allí se esta fresco. La besa. Allí entre las heladeras de conservar cadáveres, como si fuera una Eurídice en el Hades. Pero nada es lo que parece, ni siquiera “estar de gris y ser de rosa”, porque todo se reduce a cambiar de casilla, igual que el revólver disfrazado de paloma. El tejo, que es lo que cuenta, es empujado por la pierna doblada hasta alcanzar la playa desierta que indica el final del juego.

129.- Traveler insomne, después de alguna tentativa de pesadillas, descubre que Talita no está, pródiga sonámbula de romanticismo, y decide leer la obra de Ceferino Piriz “La Luz de la Paz en el Mundo”. Una especie de utopía de una ingenuidad atolondrada, que sin embargo divierte a Traveler entre copas de caña (bebida alcohólica obtenida a partir de la melaza de caña de azúcar)

139.- Apunte de Cortázar sobre el Concierto de Cámara para violín, piano y trece instrumentos de viento de Alban Berg. Es una obra marcada por raudas transiciones entre lo tonal y lo atonal, es muy probable que fuera esa fuerte contraposición lo que llamara la atención de Cortázar.

133.- Ceferino se pone fino y comienza a enumerar las cuarenta y cinco corporaciones que debían componer un país ejemplar. Deslumbrado por la ruptura que propone Ceferino en el ángulo de visión, Traveler anuncia la hermosura de un mundo donde existan detectives andantes, de petición y de acotación. Lástima que no prosiga con al menos una corporación de escuderos. Le toca el turno a las casas: casa de colecciones, casas de labor; más tarde colores en especies genéricas de blancos, colorados, amarillos, pampas, pardos, negros…;  y culmina entre castillo de encasillamientos, distribuyendo ejércitos y artillerías entre los militares en función de su signo zodiacal. Una verdadera apoteosis de cortarazarismo.

140.- Fórmulas y formas lingüísticas del extrañamiento

138.- Los tíos de Horacio y la madre de la Maga. Es difícil saber a qué viene esto.

127.- La Cuca en la farmacia, Ceferino Piriz y Morelli, Remorino y Roberto Arlt.

55.- Trascripción parcial del 133.

56.- Oliveira construyendo una rayuela en su cancha con palanganas llenas de agua y piolines, al tiempo que juega en la de afuera lanzando puchos por la ventana. La interior se construye como artilugio defensivo contra la irrupción de Traveler en la pieza. Palanganas acuosas, piolines de picaporte, rulemanes entre líneas… En la segundo, la exterior, los puchos saltan e iluminan las casillas de transformación, esas en las que Tatita fue la Maga. “No hay nada más sensato que una ventana abierta”, dirá Horacio ante la insistencia de Talita de que cierre la ventana. Claro, es evidente que la ventana es el túnel, el conducto que conecta las dos rayuelas, la interior en la que juega Traveler-Horario-Ceferino-Morelli y la externa, que es de Talita-la-Maga-Pola.  Arriba, en el tercer piso, el 43 enciende y apaga la luz; abajo, en el segundo, Horacio está sentado en la ventana y más abajo, en la calle, la gente se apelotona y Talita empuja el tejo hacia el cielo.

135.- Tortas fritas con mate. Gekrepten y Oliveira.

63.- Talita le pone comprensas de agua fría a Oliveira.

88.- Traveler y Oliveira hablan de las corporaciones de Ceferino Piriz. Le inyectan agua destilada o morfina, no queda claro.

72.- Un matecito y un sueño, ambos cosas necesita Olivera después de trabajar y volver a casa.

77.- Ferraguro despide a Oliveira.

131.- Ovejero, el médico, le toma el pulso a Oliveira, asiente. Antes Horacio y Traveler toman en serio la posibilidad de incorporarse a la corporación nacional de los monjes de la oración del santiguamiento, de la que hablaba Ceferino.

58.- Casi todos (Gekrepten, Ovejero, Talita, Traveler, Ferraguto, la Cuca, el del dieciocho…), uno detrás de otro. En el cerebro de Oliveira debió sonar como un tutti.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Rayuela. La lectura/2

26.- Tal vez sea por instinto, pero da la impresión de que este es un capítulo importante dentro de la novela. Gregorovius cuenta a la Maga que cuando era niño jugaba en un enorme salón lleno de tapices y alfombras (“que hubiera hecho las delicias de Malte Laurids Brigge”, el protagonista que da título a la única novela de Rilke), una de las alfombras representa un plano de la ciudad de Ofir (ciudad mítica, de la cual según la Biblia Salomón recibía anualmente un cargamento de riquezas). De rodillas Gregorovius empujaba su pelota siguiendo el curso del río Shan-Ten (¿), atravesaba las murallas y después de muchos peligros llevaba al centro donde estaba los aposentos de la reina de Saba (aparentemente nada tiene que ver con la ciudad de Ofir), quedándose allí dormido como una oruga. No es la primera vez que en el texto cortazariano, aparecen las alfombras. Gregorovius cuenta esta vivencia infantil después de que la Maga le pregunte por qué Paris es una enorme metáfora. La alfombra se comporta como un tablero por el que el pequeño Gregorovius mueve el balón como si fuera una ficha hasta llegar a la meta. Es la alfombra, por tanto, un rectángulo de encasillamiento, de juego, y sirve de elemento comparativo con ese otro gran tablero que es la propia ciudad de París. Tal vez sea Horacio la ficha más significativa que recorre los casilleros parisinos.

109.- Morelliana. Morelli siempre pensó que los fragmentos, las instantáneas fotográficas, cristalizarían por sí mismos.

27.- La Maga habla con Gregorovius de Pola, la amante de Horacio.

28.- Horacio regresa y se da cuenta de que Rocamadour está muerto. Le reprocha a Gregorovius que se haya acostado con la Maga mientras el niño se moría. El viejo de arriba golpea una y otra vez el suelo, harto del ruido. Llegan Babs y Ronald, el paraguas que no atinan a cerrar, el paraguas figura geométrica que los hombres colocan sobre su cabeza, tan fácil de abrir y tan difícil de cerrar. Los recién llegados cuentan que Guy, otro de los miembros del club, ha intentado suicidarse. La reunión se anima y hay que preparar café. Nadie salvo Horacio y Gregorovius saben de la muerte de Rocamadour, allí mismo, en el centro de la reunión. La muerte es el centro de la tertulia. Budismo. Filosofía. Y claro, teatro. Que salga Shakespeare es revelador de que a Cortázar se le agotaba el discurso. En fin el niño muerto en medio de estos tíos que no dicen más que pavadas.

130.- La cremallera y el prepucio. Y justo después de relatar la muerte de Rocamadour. Parece pura provocación.

151.- Morelliana muy vacía.

152.- Un girado sobre sí mismo del poeta y dramaturgo francés Jean Tardieu.

143.- Los sueños de Talita y Traveler (¿la Maga y Horacio?), viven juntos, duermen juntos y pretenden que algún día acaben por tener el mismo sueño.

100.- ¡Va de sueños! En este caso los de Horacio que se los cuenta a Etienne por teléfono. Y eso es lo relevante, ya se trate de sueño o realidad,  Horacio habla con Etienne desde la casilla representada por la cabina de teléfonos, una casilla en la que no se puede estar más de seis minutos, pues ese es el tiempo máximo que se permite utilizar la línea telefónica.

76.- Las manos de Pola.

101.- Pola amante de Horacio.

144.- Horacio amante de la Maga.

92.- El paso de la Maga a Pola, Pola París como da en llamarla Horacio desde el segundo encuentro. Horacio lleva a su nueva amante al mismo hotel en que estuvo con la Maga, que se relata en 5. Hotel de inauguraciones y de comparaciones. O quizás, no. Tal vez no sea más que el simple onanismo de las diferencias. Informe en papel cuadriculado con remisión de muestras para su análisis.

103.- Horario espía a Pola mientras esta duerme. Seguro que teme verla convertirse en otra cosa, en la Maga tal vez.

108.- Aparece, creo que por primera vez, una referencia a Juan Filloy, el escritor argentino de Caterva. Es curioso que Filloy naciera veinte años antes que Cortázar y que muriera dieciséis años después. El cordobés  vivió ciento seis años y visitó tres siglos. Los sesudos cortazarianos hablan de la mucha influencia que Filloy tuvo en Rayuela. Caterva, por si a alguien le interesa, está publicada en Siruela. Por lo demás no sé qué es. A ratos me parece un sueño, ¿pero de quién de Horacio, de la Maga, de Pola, o de uno de esos autorretratos de Ensor.

64.- Unas monedas para comprar tizas de colores con las que maquillar la realidad. Triste, me pareció.

155.- Retoma la historia de la cabina telefónica vista en 100 y como si fuera un caminito que necesariamente ha de ser recorrido, Horacio y Étienne acuden hasta el hospital donde suponen internado al viejo que fue atropellado en 22, esto es Morelli.

123.-  Pura esencia cortarzariana. Hay mucho en ese único párrafo. Pero lo mejor es la soberbia forma en que se ajusta la realidad al sueño o el sueño a la realidad, que eso poco importa. Lo decisivo es el guante, no la mano. El guante con sus cinco dedos: el despertar, cruzar el corredor, mear, apagar la luz y volver al lecho a soñar el lugar de la infancia, que es el único que de verdad existe.

145.- Una cita del Ferdydurke del escritor polaco Witold Gombrowicz. Es el texto de un adolescente que quiere cambiar el mundo. Nada que ver con los de hoy en día. La exacta respuesta que un sabio adulto, daría a su lejano paso por la inmadurez.

122.- Retorno a la casilla abandonada en 155 con adición de lo obtenido en 123. Esto se anima, la aguja entra en la tela con más soltura.

112.- Morelli se explica.

154.- Seguimos con 122. El viejo atropellado resulta ser Morelli que está escribiendo, claro que sí, Rayuela. Morellí le deja la llave de su apartamento a Oliveira.

85.- Vidas que terminan…, tubos de dentífrico.

150.- The Sunday Times. La duquesa viuda de Grafton pasó ayer un día bastante bueno. La pobre tiene una pierna rota.

95- Morelli y las articulaciones lógicas de su discurso.

146.- Pocas mariposas.

29.- La Maga tras la muerte de Rocamadour, deja la pieza. Horacio y Gregorovius hablan.

107.- Morelli quiere ser estatua.

113.- Voces. Horacio. Gregorovius. Étienne.

30.- Sigue diálogo de 29. Gregorovius le cuenta a Horacio el velatorio del niño Rocadamour. Gregorovius anuncia la llegada de su madre Adgalle, de su madre de Herzegovina.

57.- Continúa la conversación de 30. Sabemos que Horacio ha llegado a la pieza de la Maga después de dejar a Etienne en 154. Horacio dice ser un buzo de lavabos.

70.- Cita de uno de los sermones del dominico alemán Maestro Eckhart, que vivió entre los siglos XIII y XIV, místico, teólogo y heterodoxo. No hace muchos años que el actual Papa, Ratzinger, habló de él en términos elogiosos.

147.- Texto de una ingenuidad sobrecogedora. En fin, en todo caso, hoy en día de nada serviría entrar en la fiesta y poner el sapo verde sobre la cabeza de la anfitriona.

31.- Continúa conversación Gregorovius y Horario dejada en 30.  Anotá, che, esta palabra que tan bien parecen conocer los dos platicadores, nefelibata, dicho de una persona, soñadora, que anda por las nubes. Cuplés, farmacias, números de teléfono y una novela de Galdós. Todo eso después de que ambos se cruzaran reproches de agudeza intelectual.

32.- Podrían emplearse una docena de adjetivos para describir esta carta de amor, de ternura, de desesperación que la Maga escribe a su hijo Rocamadour, y, aún así, no habíamos hecho más que arañar la profundidad y excelencia de un texto como este. Sólo por llegar hasta allí, Rayuela es grande.

132.-  Aunque al inicio da la impresión, desde luego subjetiva, de que la voz que habla pudiera ser la de la Maga (¡qué ganas de escucharla!), la referencia a los sueños parece indicar que es la de Horacio. Inquietante la cita de Hart Crane.

61.- Morelliana de difícil interpretación. Puerta de luz, trascendencia…

33.- Volvemos a 32. Gregorovius se ha marchado y en la pieza de la Maga se queda solo Horacio. Riquísimo texto donde Horacio navega desde la mosca azul a la que le sangra la nariz, a la zarza ardiente que se convierte en jarrito de agua en el pescuezo.

67.- Horacio, metafísica del amanecer con unas gotas de “me cago en mi vida”.

lunes, 2 de enero de 2012

Rayuela. La lectura/1.

Abordamos la lectura según las indicaciones del autor:

73 .- París, Barrio Latino, rue de la Huchette. Se inicia con una lamentación por la enfermedad que provoca el fuego sordo y sin color, que tanto puede referirse a la pobreza como a la suciedad. Pero enseguida sabemos que eso no es más que escritura y podemos abordar todas las “turas” como el único camino hacia la verdad. La primera de estas verdades es expuesta por el escritor Morellí, el alter ego de Cortázar, se trata de un tornillo en el que un napolitano concreto su ensimismamiento durante años.

1 .- París, Pont des Arts. Busca a Maga y cuenta como arrojan un paraguas roto desde lo alto de un parque al fondo de una barranca. El juego consiste en pensar en cosas inútiles, como unos zapatos con tacos de goma. Cosas que se convierten en objetos decisorios, como el terrón de azúcar que no se planta tan pronto como toca el suelo al caer, sino que adquiere las cualidades de una bola de naftalina y escapa y se esconde entre los pelos de las alfombras, huyendo de los zapatos-gallina que llevan en sus pies aquellos hombres para los que un terrón de azúcar carece de importancia.

2 .-  En esos días del cincuenta y tantos comencé a sentirme como acorralado por la Maga, que tiene un hijo llamado Rocamadour de padre desaparecido. A la Maga le gusta cantar los lieder de Hugo Wolf y Schumann. Ronald un tipo con la cabezota colorada de cowboy, toca el piano. Y para aliviar el agobio va colocando cosas en fila: lo estético, lo ético, lo religioso; un muñequito con miga de pan, una novela trascendente y una muerte heroica.

116 .-  Comentando pasajes de Morelli sobre el arte y el artista.

3 .- Aparece Horacio Oliveira que insomne fuma y piensa. Piensa en el peso del sujeto, en la noción del objeto. Hay una referencia a su camarada Traveler. Horacio reflexiona y busca principios conforme a los que actuar; la Maga no, la Maga cuando piensa en un árbol, lo hace como hoja, y cuando mira una río, lo contempla como pez, como pez río abajo.

84 .- Hojas y lámparas. Lo inmediato y lo remoto. Lo defectivo, como los verbos.

4 .- Una frase de clochard, una bohardilla iluminada y una rayuela pintada en el suelo de una plaza de París. La Maga salió de Montevideo con un pasaje de tercera y embarazada, dispuesta a tomar lecciones de canto en París y conocer la vida, pero la Maga tenía dos ventajas: una que sabía francés y dos, que era amiga de los gatos, esos dueños del tiempo y de las baldosas tibias (al menos en París). La Maga le presentó a Étienne y este les hizo conocer a Gregorovius, y como Olivera ya conocía a Perico Romero y a Ronald, el Club de la Serpiente se fue formando en las noches de Saint-Germain-des-Prés.  La Maga que se cultivaba en las vidrieras de las librerías, guiándose por los colores y las formas de los libros. Gregorovius trataba de explicarle la metafísica a la Maga y Fauconnier decía que para gente como la Maga, el misterio empezaba precisamente con la explicación. La Maga que desconfía de todo y admira las tres horas de discusión de Oliveira y Étienne, lo trasciende todo cuando habla con una hoja al borde de la vereda y la pasea por la palma de su mano.

71 .- Morelliana. Algo así como la historia del nostálgico bípedo implume y del cajón en donde habita.

5 .- Eros y Tanatos. La Maga y Horacio. Techos de hoteles.

81 .- Cita de José Lezama Lima, completamente prescindible.

74 .- Morelliana. El guijarro y la estrella. No veo más que dos piedras separadas por la distancia, o el tiempo que al fin y al cabo es lo mismo.

6 .- Teoría y práctica sobre la cita vaga, de vaguedad.

7 y 8 .- La voz de la Maga. Estoy casi seguro. No me imagino a una mucama de hotel dando consejos a Horacio sobre cómo regar los helechos.

93 .- Horacio en primera/tercera persona. Infiel Horacio.

68 .- Puro glíglico. Se entiende regular. Erotismo. Musicalidad.

9 .- “…el aire Toulouse-Lautrec de la Maga…”,  pero solo para caminar arrinconada contra el Horacio. “El deseo cada tantas horas, nunca demasiado diferente y cada vez otra cosa: trampa del tiempo para crear las ilusiones.” El brutal machismo de Horacio que reconoce a la Maga solo capaz de decidirse epidérmicamente.

104 .- Algunas afirmaciones sobre la vida.

10 .- Un soneto de jazz.

65 .- Ficha del club de la Serpiente de Ossip Gregorovius.

11 .- El surrealismo montevideano de los Cantos de Maldoror.

136 .- Cita morelliana.

12 y 13 .- Reunión del club en torno al vodka, el jazz, el humo y las ganas de vomitar. La condesa Pardo Bazán como referente en la educación sentimental, allá arriba sobre la tribuna del Ateneo madrileño, disertando sobre la condición femenina en la época de la Restauración española.

115 .- Morelliana. La tendencia hacia la abstracción de la novela: situaciones, no personajes.

14 .- Wong, otro del Club, maestro en collages. El saxo de John Coltrane y el clarinete de Sydney Bechet. Las borrosas fotos de una ejecución sádica en China. El salmodiar del bluesman Big Hill.

114 .- Noticia de una ejecución en cámara de gas. San Quintín. Años cincuenta.

177  .- Un texto del penalista Clarence Darrow sobre la condena a muerte de menores.

15 .- Llama la atención la disertación sobre las tijeras para cortar las uñas. De alguna forma está conectado con los objetos del inicio de la novela, el tornillo del 73, el paraguas o en terrón de azúcar del 1. La Maga le cuenta a Gregorovius cómo fue violada por un negro.

120 .- Ireneo echa un gusano a las hormigas.

16 .- La Maga lo mezcla todo.

137 .- Moreliana: suma y resta.

17 .- Jazz sobre un tablero de ajedrez.

97 .- Psicologías de escritor.

18 .- Delírium Trémens.

153 .- Cita de un desconocidísimo autor argentino.

19 .- Un descanso para el lector que ya andaba muy necesitado. Rocamadour, el hijo de la Maga –que nos enteramos que se llama Lucía-, está enfermo. Olivera ceba el mate y busca la unidad, como los místicos islámicos.

90 .- La descripción de Holiveira (sic), un tipo veleta, que pretende ser espectador al margen del espectáculo en la fila uno. Que usa las haches como si fueran cápsulas de penicilina para que las palabras dejen de jugar sucio con él.

20 .- Un largo y aburrido diálogo entre la Maga y Oliveira, tal vez es el glíglico inventado por la Maga lo mejor de las páginas.

126 .- Una cita del poeta romántico alemán Achim Von Arnim, correspondiente a su novela Isabel de Egipto que narra los amoríos de Carlos I antes de llegar a emperador, con una gitana.

21 .- Espléndido soliloquio de Oliveira ahogado en su “río metafísico”, abordando la realidad pesada y dura del pasado, la impostura de fingir esa vida profunda mientras la Maga cepilla las palabras.


79 .- Interesantísima disquisición sobre la antinovela. Las palabras como un revólver para preservar la paz, como flechas que apuntan hacia el mensajero. El novelista que le pide al lector comprensión, el que quiere dejar huella, la suya y aquel otro que convierte al lector en coautor.

22 .- El incidente de un leve atropello de un viejo escritor, da pie a Oliveira a una aguda reflexión sobre la soledad y, claro, la otredad. El atropellado es, será Morelli.

62 .- Un proyecto morelliano de bioquímica literaria.

23 .- Tras el incidente del atropello, Oliveira se ve envuelto en una audición pianística con obras modernas a cargo de la pianista y compositora Berthe Trépat, una especie de marioneta a la que se le adivina el relleno vegetal. Oliveira acaba por convertirse en el único espectador del concierto y esta circunstancia, como es natural, lo comprometerá hasta el extremo de tener que acompañar a la pobre Berthe Trépat a su domicilio y, al final, verse forzado a salir huyendo como consecuencia de los descarríos que la soledad ha causado en la atormentada cabeza de Berthe. Es muy posible que este personaje de la pobre Berthe, sea uno de que inspiraban mayor ternura.

124 .- La influencia de Morelli en el Club: lo axial que se convierte en depresión y exaspera de tanto recular hacia el interior.

128 .- Cita en francés: Nous sommes quelques-uns à cette époque à avoir voulu attenter aux choses, créer en nous des espaces à la vie, des espaces qui n'étaient pas et ne semblaient pas devoir trouver place dans l’espace. No me atrevo a traducirla, pero creo que engarza muy bien con el texto anterior, pues parece demandar un espacio interior al margen de los lugares del espacio. El autor es Antonin Artaud y la obra a la que corresponde la cita es El pesa-nervios. Se trata de un escritor con ideas bastante delirantes, creador del llamado teatro de la crueldad. 

24 .- Gregorovius quiere saber si Horacio va a volver, se confiesa espía y mirón. La Maga atiende a  Rocamadour que sigue enfermo.

134 .- Consejos para el jardinero aficionado del Almanaque Hachette.

25 .- Es una casilla muy cargada de objetos. El dibujo que se traza en ella está hecho con fósforos usados. Gregorovius adoraba las peceras hasta que un día perdió la virginidad en un prostíbulo, a los pies de la cama había un acuario. El pez que gira sobre sí mismo antes de golpearse con el cristal en la nariz, cumple la función de “río físico” delimitador de la realidad. La nariz como límite del mundo, dice Gregorovius. Y cuando la Maga trata de rebasar ese límite y formula la pregunta que pone de manifiesto su ignorancia, entonces aparece el violeta: el color de la nariz hinchada. La Maga no encuentra otra forma de aliviar su dolor que sacudiendo el cigarrillo “con ese gesto que estropea irresistible las alfombras suponiendo que las haya.”  En el fondo no hay color violeta sin alfombras.

141 y 60 .- La fascinante inutilidad morelliana.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Rayuela de Julio Cortázar. Introducción.

Cortázar fue favorecido por los escritores que le sucedieron y leído como ejemplo a seguir. Durante los algo más de veinticinco años que han transcurrido desde su muerte, ha sido constante el halago, y la puesta en excelsas alturas literarias de su prosa creativa. Se ha construido con él uno de esos iconos culturales que solo sirven para arrinconar a los autores. «¡Oh, claro, Cortázar!». Pero, ¿quién lee hoy en día, ahora, en este momento, Rayuela?, ¿tiene razón de ser, sentido, actualidad, leer Rayuela?, ¿sería posible publicar hoy en día una novela como Rayuela?, ¿es Rayuela una novela gratificante para el lector? Porque el Cortázar de las novelas no es el mismo que el de los cuentos. Esta importante distinción, siendo evidente, no es fácil de formalizar. Su aprehensión radica en un antes y un después, el cuento es un acontecer que la novela explorará a posteriori. El primero está imbuido de la sutileza, en la segunda el autor se limita a trazar los caminos, senderos, por los que el lector puede diversificar su paseo, y será el paso exploratorio del lector lo que autentique la escritura. Hasta cierto punto, Rayuela no es otra cosa que un ejercicio práctico sobre la creatividad, y se la ha tachado de anti/contra-novela es porque en ella, todos los hilos están sueltos. No es casualidad que el origen de Rayuela sea un sueño del mismo Cortázar, y como en todos los sueños a medida que se intentan contar, en realidad, se están descontando, es decir, restando.

El texto de la novela primero se llamó Los juegos, más tarde Almanaque, posteriormente Mandala y, finalmente, Rayuela. La obra aparece dividida en tres partes:
a)      Del lado de allá [1-36]
b)      Del lado de acá [37-56]
c)      De otros lados (capítulos prescindibles) [57-155]

Cortázar llegó a agruparla de muy diversas formas, que van desde la utilización de colores –evidentemente por campos temáticos-, a la asignación de una letra o el nombre de un personaje a cada uno de los capítulos.

Novela deliberativa, gozosa epifanía del lenguaje, juego de restar casillas, novela por hacerse y un sin fin de calificativos o frases se han dicho sobre Rayuela. Fue publicada por la Editorial Sudamericana en Buenos Aires, en 1963. El 22 de mayo de 1961 Cortázar anuncia a su editor y amigo, Francisco Porrúa, la conclusión de la novela; sin embargo en agosto de ese mismo año advertirá que lleva unos meses tratando de poner orden en la novela, es decir “que lo estoy desordenando de acuerdo con una leyes especiales cuya eficacia se verá luego, cuando tenga el coraje de releer de un tirón las seiscientas páginas.” Corrige las pruebas a bordo de un barco entre Buenos Aires y Marsella en mayo de 1962 y discutirá con Francisco Porrúa sobre la portada diseñada por el pintor Julio Silva. En julio de 1963, un Cortázar pletórico remite una carta a su editor anunciándole que por fin Rayuela, después de cuatro años de trabajo, está en sus manos.