La obra que tenemos entre las
manos pertenece a ese género ecléctico de los diarios y el cuaderno de notas
del escritor. Ciertamente parece participar más de los primeros que del segundo
porque todas las entradas están fechadas. Con A vuelo de pájaro la
santiaguina confirma su giro de huida de la ficción que ya comenzó en su
anterior novela El manto publicada en 2019.
El texto está dividido en tres
cuadernos que se corresponden con el trienio de 2020 a 2023: Cuaderno de
delicias, Cuaderno del asombro y Cuaderno del sol. El primero
de ellos pertenece al año de la pandemia y la escritora se detiene
constantemente en la búsqueda de las pequeñas cosas que dan significación a la
vida, delicias que cobran vida en “el agua tibia de la piscina a la seis de la
tarde”, en los olores del campo [Marcela vive mucha parte de su tiempo en una
casa de campo situada en el valle de Mallarauco en la zona central de Chile],
en el gallo que canta a lo lejos “probablemente dándome la razón”, en las uvas
del parrón, en nuestra capacidad humana de lidiar con la ofensa…
La fugacidad y la fragilidad
definen el asombro, fuerza motriz con la que la autora pone en marcha su
maquinaria compositiva. Confiesa “escribo todo el día en mi mente. Luego
olvido”. Lee con humildad y admiración hacia las palabras de los otros. Ve una serie
turca, ama su soledad por encima de todas las cosas, mantiene una lucha
constante contra las moscas y las arañas (no tolera su insolencia, su presencia
impuesta), pasea con sus animales (perros y gatos), recibe las visitas de sus
hijas, sus hermanas y su nieto Marcel por el que siente una inclinación
absoluta.
El último cuaderno está
dedicado a la plenitud, a disfrutar del sol en el rostro y dejar atrás las
sombras. Viaja a Roma con su nieto “pájaros sobre el Tíber, helados de pistacho
con nocciola, las visitas repetidas a Santa Maria Trastevere…
La lectura es una fiesta continua de encuentros y charla
amena e inteligente. No bien entra uno se tropieza con Pessoa que saluda al sol
en el último día de su vida, unos pasos más allá descubres la presencia de
Borges advirtiendo a su contertulio que “no pasa un día en que no estemos, un
instante, en el paraíso”. El discreto Homero que apela al refinamiento, a la
elegancia, a dejar la estridencia fuera del espíritu acompañado de sus héroes y
semidioses. La punzada de soledad de Canetti que insiste en “narrar y narrar
para soportar la existencia y el dolor… para calmar -dice mirando a Pessoa- el
desasosiego”. En el jardín está Oscar Wilde: “Una flor florece para su propia
alegría”. Marcela dice que ella escribe “porque toda otra actividad me
horroriza”. Fiesta literaria porque, al fin y al cabo, estamos ante el cuaderno
de una escritora que cumple con sus deberes de anfitriona. Nos presenta a una
pluralidad de escritores chilenos que no conocemos. La novelista Carla
Guelfenbein (1959, Santiago) que “sabe hurgar en el alma humana”, el filósofo Roberto Torretti (1930, Santiago),
a los poetas Armando Uribe (1933-2020), Jorge Teillier (1935-1996), Stella Díaz Varín (1926-2006), Elvira
Hernández (1951, Lebu), Gabriela Mistral (1889-1957) y Rosabetty Muñoz (1964, Ancud). El poeta chileno Alfonso Alcalde (1921-1992) es uno de sus preferidos: “Hoy pedí prestado / el sol a mis vecinos / ‘una pobre
hebra de luz’ / -les dije- / algo para andar / sobre la tierra / con una
despavorida sombra / a cuestas”. A tus lectores, Marcela, les importa, y mucho,
cuánto has leído.
Pero los Cuadernos están llenos de otras cosas, muchas otras. Hay pequeños
cuentos (el de ‘La rana’ es exquisito), revelaciones (me niego a vivir en el
mundo ordinario como una mujer ordinaria), reflexiones (la capacidad de amar
termina por aturdirse ante la degradación moral), pequeñas pinceladas de sí
misma y de su familia (una abuela vasca y una madre escritora), de preguntas
sin respuesta (¿de qué mierda estamos hechos?), de música (Brahms, Beethoven,
Satie… porque cuando la música llega arrasa con todo).
Marcela Serrano (1951, Santiago) es una escritora que apaga el ruido de muchos otros: es el
silencio de la escritura hecha con buena letra.